Jerry González
 

 

 
 
 
 

Jerry González

Jerry González es el poeta maldito del jazz latino,el último pirata del Caribe.
Nadie lo ha visto sin su trompeta
. (Fernando Trueba)

Por supuesto, Fernando Trueba exagera. Yo, sin ir más lejos, he visto a Jerry González sin la trompeta. El otro día, después de su concierto en Santander, mientras el maestro echaba un cigarro en la puerta de atrás del teatro. Pero uno entiende las palabras de Trueba. Un tío que ha rodado una maravilla como Calle 54 por fuerza tiene que saber de qué habla. Viendo a Jerry González preparar concienzudamente su trompeta y su fiscorno mientras la banda improvisa explica cosas como la extraña simbiosis, casi mágica, que se establece entre los genios y su arte. Se trata, por supuesto, de una relación física. Un artista, sencillamente, no pude dejar de de hacer aquello que sabe hacer. Arrebatarles su arte es mutilarlos. Uno, que como tantos, de jazz poquito, descubrió a González por aquel disco que grabó con los Piratas del Flamenco, recién llegado a su exilio voluntario en Madrid. Acompañado por el Niño Josele a la guitarra e Israel Suárez ‘Piraña’ en el cajón, con las colaboraciones de Diego El Cigala, Juan José Heredia ‘Paquete’, Israel Sandoval y su hermano Andy, Jerry hizo un disco que navegaba de Paco de Lucía a Thelonius Monk así como quien no quiere la cosa. Es jazz. Pero es flamenco. Pero es jazz. Pero es flamenco. Pero es jazz.
La biografía de Jerry González se ha contado muchas veces. Resumiendo, nació en Nueva York en el 49 de padres puertorriqueños y ya de chavalillo se dio a la trompeta y las congas. En la casa familiar junto a su hermano Andy tocaba con Dizzy Gillespie y cuenta que una noche estuvo hasta las tantas fumando maría con el Dizzy y Louis Amstrong. En sus años mozos tocó con tantos nombres consagrados que mejor miráis la wikipedia. Formó una banda a la que llamó la Fort Apache Band, en honor al barrio del Bronx donde se crió, y grabó un puñado de discos que sentaron cátedra en la cosa del jazz latino. En 1988 fue y se marcó el ‘Rumba para Monk’, en el que versionaba temas míticos de Thelonius con un punto caribeño. Ese disco fue la inflexión. Ahí los entendidos pusieron a Jerry en un altar del que no lo han bajado todavía. Apareció en ‘Calle 54′ y se comió la película. A pesar de que por el documental de Trueba desfilaba lo más granado del género -Bebo y Chucho Valdés, Paquito d’Rivera, Tito Puente, Cachao, Patato Valdés, Gato Barbieri etecé etecé- cuando uno salía de ver la peli recordaba por encima de todos al tío ese deslavazado que ataviado con sombrero y gafas de sol pastilleras tocaba como ido delante de un fondo rojo como el amanecer de la peor de las batallas. Después de aquello se vino a España porque, dice, tras el 11-S, la escena americana se amuermó un poco y la policía de Nueva York se puso pelín susceptible.
El caso es que hará cosa de un año grabó de nuevo. Cogió al pianista Javier Massó ‘Caramelo’, al bajista Alain Pérez y al batería Kiki Ferrer y se marcó en dos días nueve canciones que agüita. Se hacen llamar ‘El Comando de la Clave’. Y el disco se titula ‘Avísale a mi contrario que aquí estoy yo’. Digo.